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Buscador insaciable de verdades ocultas 13 agosto 2010

Posted by notitasenmicabeza in Reflexiones.
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Un sinfín de preguntas sin respuestas, o de respuestas prohibidas. Tras ellas viajaba siempre despierto el cazador de datos. Todos sus libros son un despliegue de su obsesión por la exactitud, una muestra de periodismo investigativo y una ofensa para sus detractores.

Cataratas de información, lluvia de números y nombres, nada parecía alcanzar para atrapar a los malos. Todo su esfuerzo se escabulló entre denuncias que la justicia nunca oyó. Su cuerpo fue su entrega final, cuando ya no quedaba nada con que hacer frente porque hasta le habían quitado a su hija. Después de vivir un año sin ella y cuando el régimen no daba señales de retroceder sino de profundizarse cada vez más, Rodolfo escribió lo que sería su último escrito público. Ningún diario de la época se atrevió a publicarlo. Esas pelotas sólo le pertenecían a Walsh. Tampoco se puede juzgar teniendo en cuenta el terror y el miedo infringido por los generales de la muerte.

Lo cierto es que ese escritor nacido en Choele Choel le iba a dar una lección de valentía a las generaciones posteriores y a los mudos testigos de la década del 70. Su Carta Abierta a la Junta Militar, a pesar de ser su despedida de este mundo, su suicidio, su entrega a los leones, sigue siendo una exacerbada prueba de exactitud periodística. Sin que le tiemble el pulso y sabiéndose el blanco próximo de la tortura, Walsh no cesó de denunciar con pruebas fehacientes, datos irrevocables, vehemencia y argumentos sólidos, la impunidad y la corrupción de un régimen que debía abdicar necesariamente. Nunca mezcló el sentimentalismo con su trabajo. Nunca se refugió en el sentido común o en las frases hechas. Todo su discurso rebosa de precisión, por eso tuvieron que matarlo para quitarlo del medio.

Y, sin embargo, su voz sigue estando presente a lo largo de los años. Mucho más que la de cualquier otro referente de la época. Los jóvenes de cada sucesiva generación hacen circular su obra y la contemplan reflexivamente aún cuando no hayan vivido ese contexto antidemocrático. Aún cuando no tengan ni idea de cómo se vivía por esos días. Del coraje que requería levantar las banderas de la libertad de expresión, eso de lo que tanto se habla en la actualidad sin tener respeto por los antecedentes.

Una persona tranquila, reservada, apasionada, dedicada por completo a su militancia política. Así lo describen quienes lo conocieron. No le interesaba la fama, sólo la difusión de lo que vale: las ideas. Aunque su nombre engrose la larga lista de desaparecidos, hay algo que nunca podrán matar: su vigencia. El régimen del terror cayó avergonzado, derrotado y exento de cualquier tipo de honores. Treinta y tres años después, continúa el repudio y el reclamo. Las voces que claman justicia nunca podrán ser oprimidas. Portadores de una ideología extrema y de valores antisociales, destruyeron a un pueblo entero pero los que quedaron hundidos en la más profunda ignonimia son sólo ellos. El nombre de quienes lucharon por la democracia y hasta ofrecieron sus vidas vivirá por siempre en la mente y en el recuerdo de todas las personas, en ese lugar al que nunca pudieron llegar quienes optaron por la intolerancia. El traje de héroe estará vedado por siempre para ellos porque en realidad no son más que grandes cobardes presos de la obediencia debida.

Rodolfo Walsh investigó asesinatos, muertes, corrupciones, acusó el Estado, al gobierno de facto. Fue un David. De esos que persisten en la historia por su aferrada terquedad a valores e ideas promotores del cambio. Porque él fue un engranaje en la salida democrática que finalmente encontró la Argentina y un firme recordatorio y advertencia de lo que nunca puede volver a suceder.