jump to navigation

Dulce condena 22 agosto 2010

Posted by notitasenmicabeza in Pensar sobre lo pensado.
Tags: , , , ,
add a comment

“De la cultura de su época y de su clase nadie escapa, sino para entrar en el delirio y en la falta de comunicación”.

Esto dice Carlo Ginzburg en el prefacio de “El queso y los gusanos”. Cárcel bonita, cárcel austera. Dependerá para quién en cada caso. Pertenecer a una clase social, saberlo y reconocerlo, y vivir desde allí puede ser un acto liberador, una forma de exorcizar el karma.

La otra vía sería la misma pero sin reconocimiento o con falsamiento del origen. Por ejemplo, aquella gente que se averguenza de su procedencia, por muy buena o mala que sea, y pretende acercarse a un estilo de vida que claramente no le cabe y proliferar discursos ajenos a su forma de pensar.

La cultura de la época es claramente ineludible. Esa prisión quizá sea la más ajustada porque remite a la imposibilidad de viajar en el tiempo para vivir otras realidades. Sea como sea, Ginzburg no pudo estar más en lo cierto. Yo agregaría una tercera celda: la ideología.

Entrar en el delirio y en la falta de comunicación es la consecuencia de apartarse de la norma social. Es lo que le sucede a los locos, a los que no aceptan vivir en ninguna celda, a quienes insisten con realizar lo irrealizable, entre otras cosas. De esto hablé previamente en Fuera de la sociedad sólo queda la locura, uno de mis posts favoritos.

Anuncios

Buscador insaciable de verdades ocultas 13 agosto 2010

Posted by notitasenmicabeza in Reflexiones.
Tags: , , , ,
1 comment so far

Un sinfín de preguntas sin respuestas, o de respuestas prohibidas. Tras ellas viajaba siempre despierto el cazador de datos. Todos sus libros son un despliegue de su obsesión por la exactitud, una muestra de periodismo investigativo y una ofensa para sus detractores.

Cataratas de información, lluvia de números y nombres, nada parecía alcanzar para atrapar a los malos. Todo su esfuerzo se escabulló entre denuncias que la justicia nunca oyó. Su cuerpo fue su entrega final, cuando ya no quedaba nada con que hacer frente porque hasta le habían quitado a su hija. Después de vivir un año sin ella y cuando el régimen no daba señales de retroceder sino de profundizarse cada vez más, Rodolfo escribió lo que sería su último escrito público. Ningún diario de la época se atrevió a publicarlo. Esas pelotas sólo le pertenecían a Walsh. Tampoco se puede juzgar teniendo en cuenta el terror y el miedo infringido por los generales de la muerte.

Lo cierto es que ese escritor nacido en Choele Choel le iba a dar una lección de valentía a las generaciones posteriores y a los mudos testigos de la década del 70. Su Carta Abierta a la Junta Militar, a pesar de ser su despedida de este mundo, su suicidio, su entrega a los leones, sigue siendo una exacerbada prueba de exactitud periodística. Sin que le tiemble el pulso y sabiéndose el blanco próximo de la tortura, Walsh no cesó de denunciar con pruebas fehacientes, datos irrevocables, vehemencia y argumentos sólidos, la impunidad y la corrupción de un régimen que debía abdicar necesariamente. Nunca mezcló el sentimentalismo con su trabajo. Nunca se refugió en el sentido común o en las frases hechas. Todo su discurso rebosa de precisión, por eso tuvieron que matarlo para quitarlo del medio.

Y, sin embargo, su voz sigue estando presente a lo largo de los años. Mucho más que la de cualquier otro referente de la época. Los jóvenes de cada sucesiva generación hacen circular su obra y la contemplan reflexivamente aún cuando no hayan vivido ese contexto antidemocrático. Aún cuando no tengan ni idea de cómo se vivía por esos días. Del coraje que requería levantar las banderas de la libertad de expresión, eso de lo que tanto se habla en la actualidad sin tener respeto por los antecedentes.

Una persona tranquila, reservada, apasionada, dedicada por completo a su militancia política. Así lo describen quienes lo conocieron. No le interesaba la fama, sólo la difusión de lo que vale: las ideas. Aunque su nombre engrose la larga lista de desaparecidos, hay algo que nunca podrán matar: su vigencia. El régimen del terror cayó avergonzado, derrotado y exento de cualquier tipo de honores. Treinta y tres años después, continúa el repudio y el reclamo. Las voces que claman justicia nunca podrán ser oprimidas. Portadores de una ideología extrema y de valores antisociales, destruyeron a un pueblo entero pero los que quedaron hundidos en la más profunda ignonimia son sólo ellos. El nombre de quienes lucharon por la democracia y hasta ofrecieron sus vidas vivirá por siempre en la mente y en el recuerdo de todas las personas, en ese lugar al que nunca pudieron llegar quienes optaron por la intolerancia. El traje de héroe estará vedado por siempre para ellos porque en realidad no son más que grandes cobardes presos de la obediencia debida.

Rodolfo Walsh investigó asesinatos, muertes, corrupciones, acusó el Estado, al gobierno de facto. Fue un David. De esos que persisten en la historia por su aferrada terquedad a valores e ideas promotores del cambio. Porque él fue un engranaje en la salida democrática que finalmente encontró la Argentina y un firme recordatorio y advertencia de lo que nunca puede volver a suceder.

Mi refugio, mi casa 12 agosto 2010

Posted by notitasenmicabeza in Pensar sobre lo pensado.
Tags: , , ,
add a comment

Jesús Martín Barbero explica en “Memoria narrativa e industria cultura” la caída del rol mediador de la familia frente a las transformaciones operadas por el capitalismo en el ámbito del trabajo y la cultura y brinda una descripción más que elocuente y descriptiva sobre el devenir de esa institución milenaria:

Vaciada de su rol productivo y separada del espacio público, la familia se privatiza reduciéndose hasta no tener otra función que la asociación sexual de una pareja y la crianza de una nidada de hijos cada vez menos numerosa, convirtiéndose en un refugio contra la alienación del mundo del trabajo.

Así segregada, la familia se encoge hasta coincidir con los límites de la casa ahora convertida en el espacio de despliegue del individualismo consumista. El imaginario urbano vendrá a consagrar definitivamente esa separación y ese repliegue. Todo viene a fragmentar las relaciones sociales y a reactivar una imperiosa necesidad de intimidad, búsqueda compulsiva de la seguridad que hace que la familia gire obsesivamente sobre la imagen del refugio y la clausura.

El domingo urbano se ha transformado en el día de la máxima privatización, de la huida en familia, frente a lo que siempre fue el día de fiestas en las culturas populares y lo que sigue siendo aún en los pueblitos: el día de la más fuerte socialización. Ya no es la mesa el centro en torno al cual la familia se reúne a conversar sino la TV-foco hacia la que todos miran sin hablar. Y una TV que trae a casa todo haciendo innecesario salir de casa para divertirse o asistir a los grandes espectáculos. Después ya ni siquiera la familia se junta a mirar, cada miembro tiene su propio televisor en su cuarto. Hemos llegado a las antípodas de lo que las relaciones familiares son y significan en la cultura popular”.

Identificado? Creo que no hace falta agregar más nada. La descripción de Barbero es tan realista y, por eso mismo, tan dura que sólo resta reflexionar al respecto y tratar de pensar de qué manera se puede frenar este avance privatizador, si es que existe alguna chance y si es que estamos a tiempo.