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Sobre Historia y Argentina 18 septiembre 2009

Posted by notitasenmicabeza in Esbozos, Pensar sobre lo pensado.
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La CGT N°1 y la N° 2 representaban las dos estrategias entre las que oscilaba en esos momentos el movimiento sindical argentino. La primera retomaba en los hechos la tradición sindicalista de prescindencia política y defensa exclusiva de los intereses corporativos, que privilegiaba la capacidad de presión del movimiento obrero a través de la unidad sindical y favorecía la negociación con los diferentes gobiernos al mantener a los sindicatos apartados de la política partidista. La segunda, en cambio, intentaba reforzar los vínculos del movimiento sindical con los partidos obreros, y llevar a la CGT a desempeñar un papel mucho más activo en la política nacional, con vistas a la formación de un frente popular capaz de aspirar incluso al poder político.

No es casual que el baluarte de la prescindencia lo constituyeran los poderosos gremios del transporte. Además del número y disciplina de sus afiliados, de su solidez organizativa y financiera, ellos controlaban el sector clave de la economía agro-exportadora y su capacidad de presión era superior a la de cualquier otro sector de la clase trabajadora. Sólo la prescindencia podía asegurar la unidad del gremio y mejorar su capacidad de negociación.

Del otro lado estaban casi todos los sindicatos más pequeños y con menores posibilidades de obtener sus reinvindicaciones por sus propias fuerzas: conscientes de su debilidad individual, veían su suerte mucho más ligada a la del conjunto de la clase y a la evolución de la política nacional.

Si hubiera que calificar con un solo adjetivo a cada una de las CGT de 1943, serían: ferroviaria para la primera y frente populista para la segunda (por la vieja oposición políticos-no políticos). Estas dos corrientes que recorren la evolución del movimiento obrero argentino desde sus comienzos encontrarían finalmente su síntesis, inesperada y paradójica, en el peronismo. Perón empezó retomando el discurso de la prescindencia, apoyándose en la CGT N° 1 y en el gremio ferroviario –es decir, en la vieja tradición de desconfianza frente a los partidos obreros- para eliminar a la más reciente influencia socialista y comunista sobre el movimiento sindical. Pero terminó llevando al mismo a la casi absoluta identificación con un partido y al desempeño de un papel protagónico en la política nacional. Logró así la unificación del movimiento sindical, no a través de la prescindencia, sino del más sectario y excluyente embanderamiento político”.

Fragmento de “Sindicatos, partidos obreros y Estado en la Argentina pre-peronista”, de Hugo Del Campo

Todo lo anterior viene a colación para explicar lo siguiente: “El movimiento sindical argentino tuvo una experiencia directa en la distribución de la renta entre 1946-1955, y no la olvidaría. Recuperar una posición de privilegio en el seno del Estado a través de la participación en el poder político fue desde entonces su objetivo principal. Impedirlo fue, por su parte, el principal objetivo de los sectores capitalistas, y es así como esa peculiar relación entre sindicatos, partidos y Estado se vuelca sobre el conjunto del sistema político hasta determinar, en gran medida, su funcionamiento durante treinta años”. Hugo Del Campo. Todo culpa de Perón, dirán los capitalistas.

Hugo Del Campo se pregunta: “El poder económico no consiguió expresar y defender sus intereses a través de un partido fuerte y estable, pero ¿acaso fue el peronismo mucho más que la manifestación del poder sindical en el terreno electoral? Así, por carencia o por exceso, los partidos no pudieron canalizar los intereses sociales contrapuestos ni negociar su articulación en el marco de un sistema político de tipo liberal. El juego de esos intereses debió desarrollarse entonces, durante la mayor parte del período, bajo el control nada imparcial de dictaduras militarres”.

Pensamientos sueltos:

Volver a las bases, volver al anarquismo

Muchos tienen que trabajar para que unos pocos no trabajen. La Tierra y las tortugas, todo el mundo a cuestas.

El sindicalismo fue y es funcional al capitalismo. Es la resignación de las aspiraciones revolucionarias. En ese sentido, corrupto y corrompido por su creador. Del Campo: “Quienes capitalizaron la decadencia del anarquismo no fueron los socialistas sino los sindicalistas, que reunían en torno a sus prácticas de acción directa a crecientes contingentes de obreros organizados”.

cgt

Del Campo dice que “la cuestión de las relaciones sindicatos-Estado tiene un desarrollo lineal y desemboca ‘naturalmente’ en la solución peronista “(¡?). Las comillas simples son mías. Me gustaría preguntarle por qué metió la palabra naturalmente ahí, como remitiendo a una genética de las relaciones del sindicalismo con el Estado. Definitivamente el término solución peronista no me remite a nada posiblemente agradable (suena a la solución final de Hitler).

Del Campo llega a la conclusión, a partir de su estudio histórico, de que “el movimiento sindical no cambió sustancialmente entre 1943 y 1946 y que, por lo tanto, el que apoyó a Perón en su ascenso al poder fue el mismo que se había ido desarrollando durante las décadas anteriores”. Entonces el autor se pregunta: “si la orientación impresa al movimiento obrero por el peronismo no representa una alteración sustancial de las tendencias predominantes hasta entonces, sino más bien su concreción y culminación, esto ¿no llevaría a considerarla más como la expresión del nivel de consciencia alcanzado por la clase obrera en aquellos años que como el proyecto de una maniobra de captación demagógica operando sobre un terreno casi virgen?”

En el último pasaje, Del Campo da vuelta la cuestión y desembaraza de la figura de Perón la formación del movimiento sindical argentino con las características con las que lo conocemos hasta el día de hoy. Ciertamente, como observa el autor, el movimiento sindical no se hundió en 1955 con el peronismo, sino que se perduró durante décadas y aún en la actualidad. Parece prudente, en consecuencia, advertir la autonomía que logró el movimiento sindical argentino y alejarlo de cuestiones deterministas que a lo único que llevan es a minimizarlo en contraposición a un aumento desproporcionado de la figura del que fue su líder en la década del ’40. Perón murió y el peronismo de Perón también, pero el movimiento sindical continuó asociándose al poder político en busca de la concreción de sus aspiraciones de clase.

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